Aun así, nunca habían coincidido en un rodaje. Lo hacen por primera vez en Tratamos demasiado bien a las mujeres (estreno: el 15 de marzo), ópera prima de la bilbaína Clara Bilbao, diseñadora de vestuario con tres Goya en el zurrón que se pasa ahora a la dirección. Como corresponde a tan irónico título, hay comedia en esta cinta que, con aires de esperpento, rescata un olvidado episodio de la posguerra: la Operación Reconquista de España, intento de invasión republicana por el Valle de Arán en 1944. Machi y De la Torre se sientan en un céntrico hotel madrileño para hablar de ello y dejar que la conversación derive hacia lugares insospechados en esta entrevista exclusiva para XLSemanal.
XL. Nunca habían hecho una película juntos, pero supongo que ya se conocían. ¿Recuerdan ese día?
Carmen Machi. Sí. Perfectamente.
Antonio de la Torre. Y yo… Espera, a ver si no recordamos lo mismo [carcajadas]. Mejor empieza tú.
C.M. Fue en 2021, cuando hicimos una lectura dramatizada de Los santos inocentes para RNE.
A.T. Ah, vale, lo que yo iba a decir [se ríen]. Recuerdo que la peña me decía: «Vas a flipar con la energía de la Machi. Es brutal, un torbellino». Y me aparece una señora con un andador, de lo más tranquila, y yo: «Hombre, pues tampoco es para tanto» [se ríe].
C.M. ¡Qué exagerado eres, por Dios! Yo venía de rodar Amor de madre y tuve mal la rodilla por unos meses, pero aguantaba de pie perfectamente. Eso sí, estaba hasta arriba de tramadol, para el dolor, y tengo todo aquello en una nebulosa porque estaba muy dopada.
«Yo antes hacía chistes de mariquitas, cojos, gangosos. Me partía con Arévalo. Hoy soy un hombre reeducado»
Antonio de la Torre
XL. ¿Se entendieron rápidamente?
C.M. Nos unió mucho la siesta, que es imprescindible para los dos. Te recuerdo durmiendo cada tarde en los estudios de RNE. Tan a gustito…
A.T. En este rodaje también nos hemos echado varias. ¿Te acuerdas de que una señora nos dejó el garaje de su casa en la aldea remota donde rodamos, en Galicia? La había reservado para ti.
XL. ¿Esto de necesitar una siesta lo tienen de siempre o se les acentúa con la edad?
C.M. De siempre. Lo mío es casi de narcolepsia. Recuerdo que cuando presenté los Goya, en 2009, y el regidor me dijo: «Cinco minutos», ¡me dio un sueño!
XL. ¿En serio, cinco minutos antes?
C.M. Sí, sí, me eché una cabezadita en un sofá. ¡Soñé y todo! [Se ríen]. Cuando el regidor volvió: «¡Tres minutos!», yo roncaba. Pero frita frita. Salí a la carrera al escenario.
XL. Antonio presentó esa gala en 2023. ¿También se durmió?
A.T. Imposible, yo estaba 'cagao'. Pero 'cagao cagao'. Como un principiante. Eso de salir a hacer chistes delante de todos tus compañeros, de Pedro Sánchez, con millones viéndote por la tele es un movidote. Y no veas el lío que se traen con los guiones: que no digáis esto, que no habléis de esto…
C.M. Uy, sí, a mí me hicieron cambios hasta media hora antes. Me lo pasé muy bien, pero no repetiría.
«Para madurar, debes ser consciente de quién eres, de lo que escondes, de lo que temes»
Carmen Machi
XL. ¿Les da miedo envejecer?
C.M. Miedo no, pero es inevitable pensar que te acercas, que has vivido más de lo que te queda...
A.T. Sobre todo si has sido padre después de los 40. Un día, mi hijo me preguntó: «¿Con qué edad te vas a morir, papá?». En 50 años, le dije, pero no me lo creo ni yo [se ríe]. Lo que da más miedo es perder la energía. Yo corro cada mañana, pero me veo las canas y me horroriza envejecer porque es la antesala de morirse.
C.M. Pero no hay alternativa. Debes ir aprendiendo con los años, cambiar cosas de cómo te ves y cómo ves el mundo; tus prioridades, tus hábitos, tu energía...
XL. ¿En qué sentido?
C.M. Yo antes disfrutaba más de la actividad y ahora más del descanso: dormir, madrugar, aprovechar el día; luchaba contra eso, pero mi mente llevaba tiempo pidiéndome tranquilidad. Vamos, que si puedo trabajar sentada, mejor. Rosa María Sardà me dijo una vez que ya solo quería hacer personajes de muda o paralítica. Eso quiero [carcajadas].
XL. Y con la edad ¿apetece quizá hacer más comedias?
A.T. Yo disfruto con buenos papeles, me da igual el género. De todos modos, ¿es esta peli una comedia?
C.M. Lo es, pero en la base hay un drama brutal, porque muestra lo patético y lo absurdo de las guerras.
A.T. Lo peor es dejar de ver al otro como a una persona, deshumanizarlo. Si eso no se desactiva a tiempo, tiene consecuencias extremas; lo vemos en Ucrania y Gaza. Que el Gobierno israelí diga que no trata con personas, sino con bestias..., esa es la raíz del terror.
XL. Cosificar al enemigo y no querer entenderlo, sí, pero lo mismo hace Hamás…
A.T. Claro, es la misma bestialidad. El odio absoluto. No reconoces en el enemigo a otro ser humano. Es un mecanismo perverso para que la muerte del otro no te afecte. Y eso es la guerra, que te despoja del alma.
XL. El personaje de Carmen, que parece sacado de una película de Tarantino, dice: «Da igual lo que diga la Iglesia. No perdonamos. Y punto»… ¿A eso se refieren?
C.M. Esa mujer es la metáfora de lo que generó la Guerra Civil: el odio que no se perdona entre hermanos, vecinos, amigos; es un odio más profundo, atávico. Y se sigue heredando. Esa época nos define y nos retrata como sociedad. Venimos de ahí y queda mucho por curar.
XL. ¿Por eso hay pocas comedias ambientadas en la Guerra Civil?
C.M. No sé, pero igual deberíamos reírnos más porque la comedia es catarsis; esa purificación que buscaban los griegos con el teatro. Incluso los alemanes se atreven a reírse de su pasado más oscuro.
XL. ¿Qué huellas dejó ese conflicto en sus familias?
A.T. En la mía, historias de hambre y pobreza. En Nochebuena, mi madre comía un huevo frito y era el gran banquete. Mi abuela materna tuvo ocho hijos y tres no llegaron a adultos. Y mi abuelo materno, anarquista, enfermó en la guerra y murió. Cuando los nacionales fueron a por él, mi abuela cogió su pistola, se la puso entre las piernas, abrió la puerta y, al anunciarles que había muerto, le dijeron: «Ha tenido suerte». Esa anécdota me marcó muchísimo. Almodóvar dijo una vez: «Aunque ahora tengo dinero, nunca he perdido la conciencia de clase». Yo igual.
C.M. Doy fe, porque no veas cómo es este. Cuando hay algo gratis, se lo come todo, se lo bebe todo...
A.T. Es cierto, si voy en el AVE en primera no desperdicio nada. Y si sobra algo me lo llevo. No como Fran Rivera, que coincidí una vez con él y en todo el viaje solo pidió agua. Eso es ser rico de verdad [carcajadas].
XL. ¿Y en su familia, Carmen?
C.M. Pues, mira, ni yo ni mis hermanos hemos sabido nunca de qué pie se cojeaba. Al acabar la guerra, a mi madre, que nació en Santander, la mandaron al Valle de Liébana y allí se quedó. Pues resulta que un día estamos juntas viendo El corazón del bosque, de Manuel Gutiérrez Aragón, y al ver a Ángela Molina dice: «Esa soy yo». ¿Cómo dices, mamá? «Sí, sí, que yo le daba de comer al Juanín».
XL. ¿Se refiere al Andarín, el maquis de la película?
C.M. No, al Juanín, que fue uno que anduvo por Picos de Europa. La película le hizo recordar aquello. Ella era cabrera y estableció relación con él al andar sola por el monte. Y robaba comida en casa para dársela. Lo guardó en secreto porque los maquis eran 'demonios'. Cuando le preguntaba si era republicana, me decía: «Ay, hija, yo qué sé». Y añadía: «Tampoco eran tan malos, ¿no?».
XL. Y la familia de su padre, italiana, ¿en qué anduvo?
C.M. Ahí sí que ni idea. En casa estaba prohibido hablar de política, sobre todo a la hora de comer. Supongo que había un poco de todo y se hizo un pacto de silencio. Igual es eso mejor que discutir y acabar todos odiándonos a muerte.
XL. Tratamos demasiado bien a las mujeres es un título que me remite a esta encuesta del CIS que reveló que el 44 por ciento de los hombres cree que «se ha llegado muy lejos en la promoción de la igualdad». ¿Les recomendaría ver esta película?
A.T. El título es irónico, pero sí, me encantaría ver qué interpretación hacen de esta historia los que piensan que el feminismo es quitar derechos a los hombres. Ya sabes que cada uno entiende las cosas según sus prejuicios. Con la de cosas terribles que han pasado las mujeres para avanzar...
C.M. Supongo que muchos hombres están confusos porque ya no nos dejamos dominar. Igualarnos en derechos y presencia social, por lo visto, es una amenaza para algunos.
«En casa estaba prohibido hablar de política. Igual era mejor eso que acabar todos odiándonos a muerte»
Carmen Machi
XL. ¿Usted, Antonio, siempre ha pensado como piensa ahora con respecto a la igualdad?
A.T. No, no, yo soy un hombre reeducado. Hacía chistes de mariquitas, de gangosos, cojos, ciegos… Y me partía con Arévalo. Ni yo ni nadie en mi entorno se hacía planteamientos de este tipo. El fútbol, por ejemplo, era un espacio para el odio en el que te dejabas llevar por lo peor de ti. Te cagabas en la puta madre del rival y del árbitro, llamabas 'maricón' a todo el mundo y la gente te aplaudía. Por suerte, ya no es así.
XL. Que se lo digan a Vinicius…
A.T. Ya, pero ahora hay una reacción, se debate, se sanciona; antes no pasaba nada de nada. El fútbol femenino ha ayudado a cambiar ese paradigma. El mundial femenino fue otra cosa…
C.M. Es verdad [Antonio la mira extrañado]. ¿Qué pasa? Que yo soy muy futbolera, ojo.
A.T. ¿En serio? ¡Pero si nunca habíamos hablado de fútbol! [Se ríen].
C.M. Pues eso, que las chicas se quejan mucho menos, hasta hacen menos faltas; es otra cosa.
XL. Con respecto, por ejemplo, a la homosexualidad; abierta en el femenino y tabú en el masculino…
A.T. Totalmente, pero te diré una cosa: hay que echarle muchos huevos para salir del armario en ese ambiente. C.M. Sí, tiene que haber un sufrimiento tremendo ahí… Es increíble que 'maricón' siga siendo un insulto. A ver si cunde el ejemplo de las mujeres, que no pasa nada.
XL. Volviendo a lo de Antonio, ¿qué lo impulsó a cambiar su modo de entender la masculinidad?
A.T. Pues la vida, cambiar de entorno, dedicarme a este oficio de gente tan abierta… Poco a poco fui aprendiendo a respetar a los demás.
C.M. Debes ser consciente de quién eres, de lo que escondes, de lo que temes, para afrontarlo y crecer; madurar. Es fundamental para aceptarte a ti mismo y a los demás.
A.T. Pero te diré una cosa: eliminar todas esas expresiones de tu vocabulario tras tirarte media vida diciéndolas es un curro de la hostia. Ahora pido perdón por ser blanco, español y heterosexual [carcajadas]. Por suerte, no me entrevistaron entonces porque revisan la hemeroteca los haters estos de Twitter y me crucifican.
XL. 'Cancelar' es hoy el verbo...
A.T. Eso, es que me cancelan pero ya [se ríen].
XL. ¿Y, hoy por hoy, qué es para usted ser hombre?
A.T. Matar, odiar, violar, ser un abusón, pelearte, golpear a una mujer, ser más machote que nadie no tiene nada que ver con ser más o menos hombre. Yo soy un hombre y disfruto con mis hijos, soy cariñoso y tierno, también un poco bestia a veces, pero lo principal es que no siento vergüenza ante mi propia fragilidad. Físicamente soy igual que mi padre, pero psicológica y emocionalmente soy como mi madre… Pero ya vale, que tampoco es que yo sea modelo ni ejemplo de nada.
C.M. Pues ojalá más cambiaran como tú… De todos modos, yo siento que cada vez menos hombres se identifican con ese estereotipo. Seguro que si el CIS hubiera hecho esa encuesta veinte años atrás saldrían muchos más hombres en contra de la igualdad porque yo siento que sí que hemos avanzado. Muchísimos chavales crecen hoy con esa igualdad que promueve el feminismo ya asumida.