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«A los hijos de dos hombres les puede ir mejor en la vida que a los hijos de padres heterosexuales»

Ana Aznar Botella

Psicóloga

«A los hijos de dos hombres les puede ir mejor en la vida que a los hijos de padres heterosexuales»

Hija del expresidente del Gobierno José María Aznar y la exalcaldesa Ana Botella, vive prácticamente alejada del foco mediático desde que en 2002 protagonizó 'la boda del año'. Ahora, la doctora Ana Aznar Botella nos presenta en exclusiva su primer libro de divulgación, 'Educar también es decir no: Cómo poner límites con amor'.

Viernes, 16 de Enero 2026, 10:16h

Tiempo de lectura: 12 min

Tenía 20 años cuando se casó con Alejandro Agag, fijó su residencia en Londres y se matriculó en The Open University para terminar la carrera de Psicología. Se doctoró en la Universidad de Kingston en Psicología Infantil y fue profesora en las universidades de Surrey y Winchester. Madre de cuatro hijos varones, en 2022 la familia se trasladó a vivir a Roma, donde imparte clases en la Universidad americana John Cabot, a la vez que lidera REC Parenting, una plataforma digital de apoyo psicológico en las distintas etapas de la crianza, que fundó hace trece años junto con su marido.

Ana Aznar (Madrid, 1981) ha venido a España para pasar las fiestas de Navidad en familia y, antes de regresar a Roma, ha mantenido con nosotros esta relajada y espontánea conversación, que ha resultado todo un descubrimiento: juzguen ustedes mismos.

XLSemanal. Su dedicatoria lo dice todo: «A mis padres, mi faro / A Alejandro, mi lugar / A mis hijos, mi porqué».

Ana Aznar. No sé si es un poco cursi, pero me salió así [ríe].

XL. ¿Por qué Psicología?

A.A. Por mi madre. Yo era de esas niñas que no sabían muy bien qué hacer. Fue ella quien me animó porque veía que me gusta mucho ayudar a la gente.

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Los hombres de su vida. Ana Aznar y su marido, Alejandro Agag, en Venecia durante un evento de la E1, la 'Fórmula 1 del mar', un campeonato de lanchas rápidas eléctricas que compiten en circuitos urbanos acuáticos, competición promovida por Agag. A la derecha: Ana con su padre, José María Aznar, durante unas vacaciones de invierno en 2001.

XL. Se casó muy joven, sin terminar la carrera y sin estar embarazada… [risas].

A.A. No, no. Aunque, de haber sido así, no hubiera pasado nada. Tenía 20 años y aún estaba en tercero: mi primer hijo nació un año y medio después.

XL. Y el cuarto, mientras hacía el doctorado y daba clases. ¡Qué estrés!

A.A. Siempre pensé que quería trabajar y, en aquel momento, lo que mejor me encajó fue empezar a investigar y dar clases en la Universidad.

XL. ¿Le fue más fácil siendo la hija del presidente del Gobierno de España?

A.A. En Inglaterra les da igual quién seas, y la vida universitaria es bastante meritocrática: depende mucho de lo que investigues, de las horas de clases que tengas…

XL. ¿Es una 'empollona'?

A.A. Me gusta estudiar; en el colegio saqué notas buenas: en Historia, buenísimas; en Matemáticas, malas.

«Mi padre es más tierno y cariñoso que mi madre. Eso de 'te vas a enterar cuando venga tu padre', desde luego, en casa no se daba. Porque mi madre cuando se pone seria… »

XL. ¿Y en Psicología?

A.A. Buenas, porque era la carrera que me gustaba; aunque me costó bastante al principio porque nunca había estudiado en inglés y no me resultó fácil el cambio de sistema.

XL. ¿Cómo es la profesora Ana Aznar?

A.A. Una apasionada, porque me encanta. Cuando empecé, me pusieron a dar clases de Estadística y pedí que me quitaran de ahí porque me aburría muchísimo y aburría al alumno.

XL. Terminó dando clases de Psicología Infantil.

A.A. Sí, y creo que mis clases son muy divertidas porque las hago muy participativas.

XL. Alejandro Agag, once años mayor que usted, es el creador y presidente del Campeonato Mundial de Coches Eléctricos.

A.A. Sí, a veces viajo con él: me permite conocer gente de todo tipo y países apasionantes. Es un mundo muy divertido, pero muy duro, porque la vida del emprendedor es difícil.

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Psicóloga de profesión. Estudió psicología por su madre, Ana Botella. Ella fue quien la orientó para elegir estos estudios porque «no sabía muy bien qué hacer».

XL. Él fundó la llamada 'Fórmula E' hace once años.

A.A. Ha trabajado mucho, tiene a mucha gente en esta empresa, los conozco a todos y los quiero mucho. Para mí ha sido una suerte ver nacer y crecer Fórmula E: es como un quinto hijo.

XL. ¿Cuatro hijos no son muchos en estos tiempos?

A.A. Yo siempre quise tener una familia grande, de cuatro o cinco hijos, y he tenido la suerte de poder cumplir mi deseo.

XL. Por eso le interesa la crianza de los hijos.

A.A. Me interesa todo de los hijos; la adolescencia me parece una etapa fascinante también.

XL. ¡No para los padres!

A.A. ¡Ja, ja, ja! Creo que, desde que naces hasta los 18 años, cada momento es bonito. Hasta 1900 eso no existía: se pasaba de la infancia a la madurez, los niños se ponían a trabajar en cuanto podían y se hacían adultos.

XL. ¡Qué maravilla un mundo sin adolescencia!

A.A. Aunque le tengamos a veces mucho miedo, la adolescencia no tiene que ir acompañada de un drama.

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En familia. El matrimonio Agag-Aznar con sus hijos, llegando a una fiesta recientemente.

XL. ¿La suya fue buena?

A.A. ¡Sí! [Rotunda]. Yo fui muy buena niña [sonríe].

XL. ¿No se ha rebelado nunca?

A.A. Muy poco.

XL. Pues el que no se rebela de adolescente tiene una asignatura pendiente.

A.A. Pues no tengo pensado hacerlo, no sé si mucho más adelante… [Ríe].

XL. ¿No le ha hecho la vida imposible ni un poquito a sus padres? ¿No les ha mentido nunca?

A.A. No, no; una mentira gorda nunca. Yo he sido bastante buena, insisto.

XL. ¿Y sus hermanos?

A.A. También; unos más que otros, pero todos buenos.

XL. ¡Pues qué bien lo han hecho sus padres!

A.A. Los niños nacen mucho de serie, con un temperamento y una personalidad concreta que luego se va moldeando un poco. Los padres influimos menos de lo que pensamos en los hijos.

«Yo no compro ese discurso de que los niños de ahora no saben nada y son un desastre. Ni pienso que los hijos de ahora estén peor educados que los de antes»

XL. También es cierto que usted aterrizó en Moncloa a los 15 años y con esos padres… ¡a ver quién se atreve a sacar los pies del tiesto!

A.A. [Ríe]. Se puede ser adolescente en Moncloa, claro que sí, pero yo creo que tampoco me hubiera rebelado en otra situación.

XL. ¿Fue feliz allí?

A.A. Sí; la mía fue una adolescencia particular, las circunstancias que viví me habrán moldeado en algunas cosas, pero nada más.

XL. Sus hijos tienen de 15 a 21 años, ¿alguno ha roto el molde?

A.A. ¡Ja, ja, ja! Son niños normales, me han montado pataletas en el supermercado y todas esas cosas que cuento en el libro, pero son relativamente fáciles todos.

XL. ¿Alguno tiene tatuajes?

A.A. No [ríe], ese tema nunca ha surgido en casa.

XL. ¿Les cotillea el móvil?

A.A. No. Yo les digo: «Vamos a ver tu móvil juntos», porque hay muchos riesgos y quiero ver lo que está pasando.

XL. ¿Y 'como son muy buenos niños' se lo enseñan encantados? [Risas].

A.A. Es que te tienen que dejar verlo, porque antes has pactado ciertas cosas: «El móvil es mío, lo pago yo y, de vez en cuando, lo voy a revisar. Estas son las normas y, si no las aceptas, no hay móvil». Hasta cierta edad funciona; a los 17 y los 18 años ya no. No es bueno controlar, pero sí estar atentos, observar y supervisar.

XL. ¿Cree que su madre le cotilleaba los cajones…?

A.A. ¡Uy! No lo sé, la verdad. A lo mejor sí, ¡ja, ja, ja!, pero tampoco encontraría nada especial.

XL. Me consta que ha estudiado el sistema de educación en los colegios ingleses, ¿ve grandes diferencias con España?

A.A. Me gusta mucho que los ingleses siempre buscan destacar en el niño lo que mejor sabe hacer y valoran igual al que es muy bueno en matemáticas que al que es muy bueno jugando al fútbol o haciendo teatro o música. Por lo demás, yo no veo tantas diferencias entre los niños ingleses y los españoles.

XL. ¿Cree que nuestro nivel educativo es bajo?

A.A. Yo no compro ese discurso de que los niños de ahora no saben nada y son un desastre. Ni pienso que los niños de ahora estén peor educados que los de antes ni que cualquier tiempo pasado fue mejor. Si ahora no se saben la lista de los reyes godos es porque sabrán otras cosas que también son importantes.

XL. ¿Por qué no es partidaria de premiar a los hijos cuando sacan buenas notas?

A.A. Porque es su deber, es lo que tienen que hacer y no es necesario regalar nada.

XL. ¿No premia que se esfuercen?

A.A. Sí, pero de manera verbal. Tienen que aprender que en la vida hay que esforzarse y no hay que premiar aquello que es obligación.

XL. ¿Sus padres nunca le regalaron nada por sacar buenas notas?

A.A. Una vez: me regalaron una tortuga muy grande que se tiraba de una cuerda. Yo era muy pequeña y es el único regalo que asocio al colegio. De mayor, nunca me regalaron nada por las notas y tampoco lo he echado de menos.

XL. En este libro desmonta algunos prejuicios, como que los niños monoparentales se desarrollan exactamente igual que todos los demás.

A.A. No es que lo diga yo, es que lo dice la evidencia científica. La estructura familiar no importa, lo que importa son las relaciones que haya dentro de esa familia. Da igual que tú vivas solo con un padre o con una madre, con dos madres o con dos padres… Es lo que dice la evidencia y lo que yo defiendo.

XL. ¿Comenta estas cosas con su madre? En su día, ella insistía en la diferencia entre peras y manzanas dentro de las parejas.

A.A. ¡Claro que sí!

XL. ¿Y qué le dice?

A.A. Que le parece estupendo [sonríe]. Es que al final no es un tema de querer o no, es aceptar lo que muestran los datos.

XL. Rompemos entonces la creencia de que las parejas del mismo sexo no pueden ofrecer la misma educación al niño que las compuestas de padre y madre.

A.A. Exacto y te digo más, hay estudios que demuestran que a los hijos de dos hombres les va mejor en la vida que a los hijos de padres heterosexuales, por ejemplo.

XL. ¡Ana Aznar Botella se ha venido arriba! [Risas].

A.A. Tiene su explicación: a una pareja de dos hombres le cuesta mucho más esfuerzo, tiempo, dinero… lograr tener un hijo. Suelen ser padres muy entregados a sus hijos: les dan mucho amor, mucha pasión, les dedican mucho tiempo y muchos recursos. A veces, cuando se encuentran diferencias entre niños, esas diferencias favorecen a los hijos de dos padres, de dos hombres.

XL. Así que lo de menos es la estructura familiar.

A.A. Lo que importa es cómo se lleva la familia, sea como sea su estructura.

XL. También dice que el hijo único se desarrolla igual que el que tiene varios hermanos.

A.A. Sí, lo dicen todos los estudios, no hay ninguna diferencia. Hoy la gran mayoría de las familias en España tiene hijos únicos y debería saberse que no les pasa nada por ser únicos: ni son mimados ni raros ni caprichosos ni socialmente extraños. Son totalmente normales, como los demás.

XL. Los anormales, entonces, somos los padres que nos creemos las bondades que aporta la familia numerosa.

A.A. No hay ninguna diferencia, no te sientas culpable si tienes un hijo único porque, digan lo que te digan, no le estás haciendo ningún daño. Me gusta desmontar estos mitos porque quitas mucha culpabilidad a los padres con cosas absurdas que no son reales.

XL. Dice que nunca como ahora los padres se ocupan de sus hijos en la crianza. ¿Adiós al sentido de culpa de tantas mujeres que trabajan muchas horas fuera de casa?

A.A. Adiós, sí. Las madres vivimos con culpa permanente: si trabajo, porque no estoy con el niño; si no trabajo, porque me quedo en casa. La culpa en la maternidad está mal entendida.

XL. Explíquese.

A.A. La culpa nace cuando te has portado mal, no cuando estás trabajando o haciendo las cosas que tienes que hacer. Lo que existe es tensión porque tenemos muchas bolas en el aire y no llegamos a todo. Una madre que va a trabajar para darle una vida a su hijo no hace nada malo por lo que deba sentir culpa.

XL. A veces, ¿por llegar a casa cuando ya están dormidos?

A.A. La generación de padres actuales estamos más tiempo que nunca con nuestros hijos. Nos sentimos culpables quizá porque estamos haciendo una paternidad y una maternidad muy intensiva. Los niños necesitan que estés con ellos, pero no hay ningún estudio que diga cuántas horas son las adecuadas.

XL. Sus padres, dos políticos en la brecha, ¿estuvieron más tiempo con sus hijos que usted con los suyos?

A.A. ¡Uy! No lo sé, los dos trabajaron y viajaron mucho. Pero es que puedes estar de viaje y hacer sentir a tu hijo que estás ahí. Yo siempre tuve la sensación de que mis padres estaban conmigo.

XL. ¡Uy!, no sé si 'hacer sentir y no estar presente' es trampa.

A.A. También hay padres que están todo el día en casa y están todo el rato con el móvil, o están resentidos…

XL. Dígame, con la cara tan seria que pone su padre y el carácter que se le intuye a su madre… ¿cuál de los dos es más tierno y cariñoso en casa?

A.A. ¡Ja, ja, ja! Mi padre, sin duda.

XL. ¿Con lo autoritario y firme que lo hemos conocido siendo presidente del Gobierno?

A.A. No, no; en casa no es así, mi padre siempre es más blando que mi madre. Mi padre es muy cariñoso, con nosotros, con los nietos…

XL. ¿Papá para el juego y mamá para el castigo?

A.A. Sí, sí; mi madre cuando se pone seria… Pero no es malo tener mucho carácter.

XL. ¿Lo dice porque es el 'ojito derecho' de su padre y se le cae la baba por él?

A.A. Eso de ser el 'ojito derecho' lo dices tú. Lo digo porque mi madre se pasaba más tiempo en casa y por eso era la que ponía más reglas y las hacía cumplir. Lo de «espera a que venga tu padre que te vas a enterar» en casa, desde luego, no se daba.

XL. ¿Los abuelos pueden maleducar?

A.A. Yo creo que sí, siempre que no les quiten la autoridad a los padres.

XL. Leo su libro y pienso que, si consiguiera cumplir todo lo que aconseja, sería la madre perfecta. Confiese, con cuatro hijos, ¿nunca se le ha ido la mano?

A.A. Mmm… Sí, algún capón se me ha escapado, pero luego me he arrepentido, porque cuando eso ocurre has perdido los nervios y no me gusta nada que pase.

XL. ¿El 'cachete a tiempo' se nos ha escapado a todos?

A.A. No estamos nada orgullosos, pero somos humanos y nos ha pasado a muchos, sí. En psicología hay pocas cosas ante las que dices: «Esto nunca», pero ante el castigo físico sí: «Nunca».

XL. ¿Usted recuerda haberse llevado algún azote?

A.A. Mmm... [lo piensa mucho]. Algún capón sí que me ha caído [sonríe].

XL. Dice que no es partidaria de tomar en casa las decisiones democráticamente.

A.A. Vamos a ver, los niños no deben tomar decisiones que no les corresponden por su edad. Está muy bien comentar con ellos las cosas, pero la decisión final la deben tomar los padres.

XL. ¿En su casa nunca se decidía por votación?

A.A. En casa podían preguntarnos si preferíamos en Navidad pavo o cordero [ríe], o dónde nos apetecía ir a cenar un día. Pero votar a mano alzada creo que no lo hicimos nunca, y menos sobre cosas importantes.

XL. ¿Se reconoce autoritaria?

A.A. A veces, sí. Siempre intento explicar el porqué de lo que estoy diciendo, pero si hay que hacer una cosa se hace. Sí soy autoritaria.

XL. ¿Más que Alejandro?

A.A. ¡Sí!

XL. Se está repitiendo el patrón que había en su casa con doña Ana.

A.A. Sí, no me queda más remedio que ser la madrastra [sonríe].

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