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«Tengo curiosidad por saber qué destruirá a la humanidad: la inteligencia artificial o la estupidez de Trump»

Daron Acemoglu

2026 visto por un Nobel de Economía

«Tengo curiosidad por saber qué destruirá a la humanidad: la inteligencia artificial o la estupidez de Trump»

El Nobel Daron Acemoglu espera un 2026 turbulento, presidido por una inteligencia artificial mal enfocada que aumentará la desigualdad y el desempleo. Incluso así, ve aún más peligroso al presidente de Estados Unidos. Nos lo explica.

Viernes, 16 de Enero 2026, 10:01h

Tiempo de lectura: 11 min

Daron Acemoglu, de 58 años, es uno de los economistas más destacados del mundo y da clase en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), en Cambridge, cerca de Boston. Por sus investigaciones recibió en 2024 el Premio Nobel de Economía. Desde hace algunos años se ocupa de la inteligencia artificial y las consecuencias que puede tener para el mercado laboral y la sociedad.

XLSemanal. La inteligencia artificial está transformando el mundo del trabajo; Donald Trump está transformando Estados Unidos; China está transformando su modelo económico y aprueba un nuevo plan quinquenal. ¿Será 2026 el año de las grandes convulsiones?

Daron Acemoglu. No sé si 'convulsiones' es la palabra adecuada. Yo diría que será turbulento. Nunca he visto tal nivel de incertidumbre. Todo está en cuestión: las viejas certezas ya no valen, nuevas tecnologías son catapultadas al escenario mundial, el equilibrio geopolítico está en peligro... Por no hablar de la evolución demográfica.

«La IA no va a hacer a las empresas sustancialmente más rentables. Subestiman lo difícil que les va a resultar integrarla en sus procesos»

XL. ¿Cuál es el problema más acuciante?

D.A. Tengo curiosidad por saber qué destruirá a la humanidad: la inteligencia artificial o la estupidez de Donald Trump.

XL. Si tuviera que elegir...

D.A. Trump.

XL. ¿Por qué no la IA?

D.A. Oh, porque creo en ella. Mire a su alrededor. Está por todas partes. Y es maravillosa. Pero se usa y se desarrolla mal, como tantas cosas estupendas.

XL. ¿Qué quiere decir?

D.A. Las expectativas que ha suscitado la IA en ganancias de productividad nos llevan por mal camino. Si la IA se desarrollara y usara bien, podría aportar enormes ventajas. Podría ser una herramienta poderosa para los trabajadores. Pero eso no es probable mientras esté en manos de OpenAI y otras grandes tecnológicas.

XL. ¿Por qué?

D.A. A estas empresas les importan, ante todo, los beneficios. A veces eso, de rebote, resulta bueno para la humanidad; pero la mayoría de las veces no es así. El modelo de negocio de Google o Facebook consiste en recopilar datos y monetizarlos. Por su parte, Microsoft, Oracle y OpenAI venden software para automatizar fábricas y sustituir a las personas. ¿Y todo eso en qué nos beneficia? Necesitamos modelos de IA que la gente pueda usar de verdad en el trabajo para ser más productiva.

XL. Las tecnológicas sostienen lo contrario: que sus productos elevarán a la humanidad y la economía al siguiente nivel.

D.A. Se puede usar la tecnología de dos formas: para hacer más cosas –o más complejas– con el mismo número de empleados o para automatizar sin más el trabajo humano: producir lo mismo con menos personas. Pero esto último no ayuda a los empleados. No crea una base para la prosperidad; alimenta la desigualdad. Las empresas subestiman lo difícil que es integrar la IA en sus flujos y procesos. Por eso no creo que vayamos a ver muy pronto un crecimiento económico claramente generado por IA.

¿Por qué cada vez producimos menos?

Desde mediados de los 2000, las economías desarrolladas tienen un problema claro: la productividad sigue creciendo, pero cada vez a menor ritmo. La OCDE lo explica así: avanzamos más despacio en cómo producimos y, además, las empresas invierten menos en máquinas, software y equipos. El resultado: trabajamos las mismas horas (o más), pero cada hora rinde muy poco más que antes. Entonces llega la... Leer más

XL. En 2024, usted era muy cauto en sus pronósticos. Contemplaba que, gracias a la IA, en la próxima década iba a haber, como máximo, un aumento de productividad de medio punto y un incremento económico del 1,1 por ciento. ¿Ha cambiado sus previsiones?

D.A. Por ahora, no veo que las empresas que usan IA sean sustancialmente más rentables. Naturalmente, estos modelos de lenguaje logran cosas asombrosas en condiciones de laboratorio: cuando el contexto está claro. Pero me parece que, en el día a día de las empresas, la IA funciona bastante peor de lo que se supone. Sencillamente porque el contexto suele ser más difícil y complejo. Es más, los trabajadores tienen que corregir con esfuerzo los errores de la IA y entender qué está haciendo en realidad la máquina. Todo eso lo he incorporado a mis cálculos.

XL. ¿Mantiene su pronóstico de que, como mucho, el 5 por ciento de los empleos serán sustituidos o respaldados por la IA en los próximos diez años?

D.A. Sí. Y si fuera el 10 por ciento también me parece aceptable.

XL. Pues el consejero delegado de Amazon acaba de anunciar que quiere despedir a 30.000 personas. Dice que la IA hará su trabajo en el futuro.

D.A. Justo de eso se trata: la IA no tiene que ser enormemente productiva para que debamos preocuparnos por nuestros empleos. A menudo, la IA se presenta como una dicotomía: o como algo muy poderoso y supereficiente a lo que debemos temer, o como poco más que un papagayo de lo que podemos olvidarnos.

XL. Y la visión correcta....

D.A. Yo creo que el escenario realmente terrible es una mezcla: la IA puede hacer algunas cosas, pero ninguna que haga avanzar de manera fundamental la economía. Aun así, se publicita y se empuja tanto para que sea incorporada a la producción que los trabajadores pierden sus empleos y los salarios se presionan a la baja. Y así perdemos todos. Eso es lo que más me asusta.

«Si Estados Unidos no corrige pronto el rumbo, la economía caerá. Quizá sea una muerte por mil cortes pequeños o por una burbuja, si revienta la IA»

XL. ¿Cómo de probable es ese escenario?

D.A. No tiene por qué ocurrir. Si desde el principio hubiéramos desarrollado correctamente la IA, probablemente ya estaríamos viendo grandes ganancias de productividad.

XL. En Wall Street lo ven de otra manera. ¿La IA es una burbuja similar a la de las puntocom?

D.A. Hay paralelismos, sin duda. Al menos en el boom de Internet estaba claro cómo ganar dinero: se replicaban modelos de negocio tradicionales al mundo digital, por ejemplo, el comercio. Eso fue revolucionario. Con la IA todavía no veo cómo monetizarla. Con automatización quizá. Pero, como he dicho, eso se queda muy por detrás de sus posibilidades.

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Prestigio y popularidad. Daron Acemoglu nació en 1967 en Estambul, Turquía, en una familia armenia. Se licenció en Economía Matemática en Inglaterra y se doctoró en la London School of Economics. En 1993  se unió al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos (en la foto), donde no tardó en ser reconocido como uno de los economistas más influyentes. La obra que, además, lo hizo más popular es su libro Por qué fracasan los países, de 2012, que sostiene que los países con instituciones inclusivas –donde los ciudadanos tienen voz y voto en la gobernanza y se respeta el estado de derecho– tienden a prosperar.

XL. ¿Teme una crisis?

D.A. Sería demasiado simple decir «sí, es una burbuja». Pero esto es un boom, seguro. Tome mis cifras: incluso si la productividad solo aumentara medio punto porcentual por el uso de la IA, y el PIB mundial solo creciera un 0,9 por ciento, seguiría siendo mucho. Es lógico invertir en empresas tecnológicas. Pero la clave es cuánto y a qué precio. Será una burbuja si los valores tecnológicos suben tanto que los beneficios de esas empresas jamás puedan justificar esas valoraciones. Quizá Nvidia no sea una burbuja. Pero puede que sí lo sean las muchas pequeñas start-ups que ahora se valoran en miles de millones.

XL. Tal vez la diferencia es que esta vez EE.UU. le quita cualquier obstáculo a Silicon Valley y, además, le inyecta miles de millones. Donald Trump está decidido a ganar la carrera de la IA contra China. Es, por así decir, una burbuja con el sello de la Casa Blanca.

D.A. La idea de que quien controla la IA controla el mundo es un juego peligroso. Esa retórica hace que Estados Unidos y China estén mucho menos dispuestos a hablar y cooperar entre sí de lo que sería deseable y necesario para resolver los problemas globales. En su lugar, todo gira en torno a quién va por delante en IA. Y así hacen grandes y poderosas a esas tecnológicas que quieren evitar cualquier regulación.

XL. En todo esto, Europa parece fuera de juego. A lo sumo, somos líderes en regulación.

D.A. Ese no es el camino hacia el futuro. Europa no puede hacerse rica con regulación. Pero, tal como lo percibo, hay una gran necesidad de una IA europea. En Europa se valoran mucho más la democracia, los derechos humanos, la protección de datos y otros principios. De lo que se trata es de incorporar esos valores a la IA. Pero eso no se logra con regulación; para eso hacen falta modelos propios y disruptivos.

XL. Muchas industrias en Europa están fuertemente reguladas y, aun así, son mejores y más baratas que en EE.UU.: la sanidad, las telecomunicaciones, la aviación. ¿Por qué no la IA?

D.A. Creo que la regulación actual ha impedido innovación e inversión. En Europa no hay un hub de IA; hay muchos proyectos pequeños. La gente buena, el talento, emigra a Silicon Valley, donde pueden investigar sin trabas y sin leyes. Cualquiera dispuesto a asumir riesgos para hacerse rico se va ahora mismo allí.

XL. ¿Qué tiene que pasar?

D.A. Europa tiene que revisar sus reglas. Regular en sí no está mal. Pero hay que alcanzar el equilibrio adecuado. En el mejor de los casos, eso incluso podría convertirse en una ventaja competitiva: con las leyes y directrices correctas, Europa podría desarrollar esos modelos específicos de IA que, a mi juicio, necesitamos para que la economía sea realmente más productiva.

XL. ¿Europa podría llegar tarde a la fiesta, pero a lo grande?

D.A. En este momento, con la IA solo existe este orden bipolar: Estados Unidos y China, y ambos van en la dirección equivocada. Y en direcciones distintas, eso sí. Pero ambos se equivocan. Necesitamos a Europa en la mesa.

XL. ¿Hasta qué punto considera peligrosa a China?

D.A. Para China, la IA tiene que funcionar. Piense en los robots: ahí los chinos están muy por delante de los estadounidenses. ¿Por qué? China atraviesa ahora el mayor cambio demográfico de su historia. Una sociedad de 1.400 millones de personas envejece más rápido que Corea del Sur. Eso pone al Partido Comunista bajo una presión enorme para desplegar IA y robots. No solo para vigilar a su gente, sino para generar crecimiento económico.

XL. Hace diez años, en su libro Por qué fracasan los países, era muy escéptico respecto a que los sistemas autoritarios pudieran producir grandes innovaciones.

D.A. Admito que los científicos chinos lo están haciendo muy bien en IA. Pero en el libro se argumentaba que la combinación de incentivos erróneos y un sistema jerárquico lleva a desperdiciar recursos e ideas. Eso, creo, sigue siendo cierto. Sin embargo, el politburó y la influencia del partido se compensan con un grupo seleccionado y creciente de ingenieros que no solo pueden competir con Occidente, sino que, a veces, son bastante mejores. Por eso nuevas tecnologías como los robots llegan a las fábricas en China mucho más rápido. Eso empuja al país hacia delante.

XL. ¿Hasta dónde cree que llegará China? Después del imperio británico y del americano, ¿vendrá el imperio chino?

D.A. Los estadounidenses tomaron el relevo del liderazgo mundial de los británicos porque tenían instituciones mejores y más inclusivas. Eran una sociedad más poderosa. Es posible que China asuma un papel pionero en IA y eso tenga repercusiones globales. Es posible que Europa regrese. Es posible que Estados Unidos y China se enganchen de tal manera que el mundo se convierta en algo muy distinto. Todo es imaginable. Pero yo no apostaría dinero a ninguna de esas opciones.

XL. ¿A qué sí apostaría?

D.A. Si superamos el shock de Trump, creo que Estados Unidos puede mantener su liderazgo global. En las últimas décadas, Estados Unidos tuvo dos ingredientes secretos: innovación y riesgo. Sobre todo en el terreno digital, los inventores norteamericanos fueron líderes mundiales. Sabían que podían probar, caer y volver a levantarse. Eso no ocurría en ningún otro lugar. Lo mismo con el riesgo: tras la crisis financiera y la pandemia, los estadounidenses decidieron salvar la economía con una deuda enorme. Europa no lo hizo. Por eso, Estados Unidos salió mucho mejor de esas crisis.

XL. Trump también apuesta por la innovación y la deuda.

D.A. Pero destruye las instituciones que hacen posible ambas cosas: con cada tribunal que influye políticamente, con cada empresa que nacionaliza, destruye el libre mercado. Con su ataque a la Reserva Federal y al supervisor bursátil destruye la confianza en la plaza financiera, sobre todo en el dólar estadounidense como moneda de reserva y de referencia. Con eso le quita a Estados Unidos su 'poción mágica'.

XL. ¿Cuándo llega la crisis?

D.A. Si EE.UU. no corrige pronto el rumbo, la economía caerá en los próximos cinco a diez años. Quizá sea una muerte por mil cortes pequeños. Quizá un gran estallido si revienta la burbuja de la IA. Solo temo que entonces el Gobierno estadounidense no pueda ayudar y actuar como en las últimas crisis. Trump ha debilitado demasiado las instituciones.

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