Un grupo de profesionales, en la excavación. / josé utrera

Una DANA convirtió Barranco León en una cantera para fabricar herramientas y armas

Una nueva investigación revela cómo se generó el rico yacimiento donde se encontró un diente infantil que es el fósil humano más antiguo de Europa occidental

JOSÉ UTRERA GARCÍA Baza

Un estudio multidisciplinar en el que han participado gran parte de los especialistas del equipo de investigación de Orce, arroja nueva información sobre lo sucedido en la zona durante un periodo de 1,4 millones de años. En principio el estudio se centra en el yacimiento de Barranco de León, situado en el sector nororiental de la cuenca de Guadix-Baza, en las faldas de la Sierra de la Umbría.

El yacimiento de Barranco León datado en 1,4 millones de años, es conocido por su excepcional y rica colección arqueológica, que en la actualidad cuenta con unos 2.500 objetos elaborados con piedra caliza y con sílex de la zona. Es conocido el yacimiento de sílex en la parte alta de la sierra de la Umbría.

El yacimiento también ha proporcionado un abundante registro paleontológico que incluye herbívoros y carnívoros, numerosos restos de microvertebrados e, incluso, una muela de homínido que es actualmente el fósil humano más antiguo de Europa occidental. En este contexto, la presencia de artefactos líticos y restos de fauna tanto inalterados como erosionados había desconcertado al personal investigador durante décadas.

Ahora, tras muchos años de meticulosas campañas de excavación, de exhaustivos análisis líticos y de concienzudos estudios geológicos, se ha sabido que, después de una época de intensas lluvias, lo que hoy conocemos como ciclogénisis explosiva o Dana, convirtió a Barranco de León en un pedrero: una verdadera cantera que fue aprovechada por las primeras poblaciones del continente europeo.

Esta investigación, liderada por Stefania Titton, que acaba de completar su doctorado en Cuaternario y Prehistoria en la Universidad Rovira i Virgili (URV) y en el Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES-CERCA), financiada por una beca de formación postmáster de la Provincia Autónoma de Bolzano (Italia), propone un comportamiento inédito de nuestros antepasados ​​ás remotos. Los resultados, altamente significativos, acaban de ser publicados en la revista 'Archaeological and Anthropological Sciences'.

Esta investigación se enmarca en el Proyecto Orce dirigido por Juan Manuel Jiménez Arenas, profesor titular del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, y del que forman parte Deborah Barsky, investigadora del IPHES-CERCA y profesora asociada de la URV, y Hugues-Alexandre Blain, investigador del IPHES-CERCA.

Con las investigaciones realizadas a lo largo del tiempo se ha llegado actualmente a la conclusión de que, en Barranco León, en un primer momento, había una fuente de agua dulce proveniente del subsuelo que atraería a la abundante fauna que habitó este rincón de la provincia de Granada hace 1.4 millones de años. Fue entonces cuando un hecho catastrófico se convirtió en una oportunidad: las lluvias torrenciales que sufrieron los primeros habitantes de Orce acumularon las piedras y huesos que el agua encontró en su camino; entre las primeras, numerosos guijarros de caliza y algunos fragmentos de sílex que se habían formado durante millones de años en la Sierra de la Umbría. Todo esto formó un pavimento parecido a lo que observamos hoy en día a los cauces de muchos ríos.

Cuando llegó la calma y las aguas retrocedieron, Barranco León se había convertido en una cantera que fue aprovechada y explotada por los humanos. Este emplazamiento, inicialmente formado con materiales erosionados y provenientes de otros lugares, se convirtió en un taller donde elaboraron múltiples herramientas que se utilizaron para procesar vegetales y animales fundamentalmente para la subsistencia de nuestros antepasados.

La presencia de fuentes de agua dulce provenientes del subsuelo en el mismo entorno de la cantera convirtió Barranco León en un abrevadero donde los herbívoros mitigaban su sed, pero donde también caerían presa de sus predadores, ya que los homínidos con las herramientas recién elaboradas, los consumirían.

El estudio que ahora se presenta tiene sus raíces cuando el equipo investigador de Orce observó entre los 2.500 elementos de piedra que ha proporcionado el yacimiento de Barranco León, unos pocos que les llamaban la atención porque provienen de un único bloque de sílex y de un mismo guijarro de caliza. Así que emprendieron un estudio que era como encontrar la aguja en un pajar. La sección de tecnología lítica alcanzó este hito y ha reconstruido el puzzle con remontajes, es decir, juntando fragmentos de piedras que encajaban.

Para dar más consistencia al estudio se llevó a cabo por primera vez un análisis espacial que ha permitido seguir el rastro de las personas que las crearon y se ha podido demostrar, sin lugar a dudas, que los humanos efectuaron múltiples actividades en Barranco León. Después de este momento de efervescencia, la actividad humana decayó, hasta desaparecer, desplazándose y centrándose la acción en Fuente Nueva 3, otro yacimiento olduvayense de Orce, que se encuentra a pocos kilómetros de Barranco León.

El actual director de las excavaciones de Orce, Juan Manuel Jiménez Arenas, explica a IDEAL la importancia del trabajo en grupo realizado por especialistas en sedimentología, arqueología, tecnología lítica, análisis espaciales, taxonomía. Entre todos han demostrado que Barranco León era el lugar ideal para la actividad de los homínidos. En el lugar se dan los tres elementos necesarios para la actividad humana, agua dulce, piedras para tallar y alimentos para comer, carnes y vegetales.

Durante un periodo de tiempo la actividad fue imposible porque todo lo ocupaba el lago de Baza que era de agua salada, y no había tierra que ocupar, pero cuando se produjo la regresión aparecieron manantiales de agua dulce, lo que fue vital para la fauna y los humanos.

Juan Manuel Jiménez Arenas señala que el yacimiento de Barranco León es complejo. «Hay materiales que han llegado de fuera y otros que han sido confeccionados en el propio yacimiento. Durante un tiempo estuvieron utilizando esos recursos, pero llego un momento en el que el lago de Baza aumento su tamaño y lo tapó todo», señaló.

En Barranco de León, además del diente de un niño o una niña, se han localizado piedras que no aparecieron en Europa hasta 400.000 años después. « El potencial es enorme para conocer el comportamiento de nuestros antepasados, huesos que encontramos son pequeños, pero buena parte de la información nueva es gracias al trabajo de campo que se viene realizando que nos permite obtener una información que va a posibilitar una un grado de precisión como hasta ahora no se había planteado en el proyecto de Orce»

Buena parte de la información nueva es gracias al trabajo de campo que va a permitir un grado de precisión cómo hasta ahora, no se había planteado en el proyecto de Orce.

Acceso al yacimiento. / josé Utrera

Este año no hay excavaciones
Industria lítica. / josé Utrera

Juan Manuel Jiménez Arenas, ha confirmado que este año no hay excavaciones en Orce, pues se está en la fase de presentación de resultado, hay que presentar las memorias de las actividades anuales que ya se presentó en el mes de abril y ahora el equipo de investigación dispone de un año para presentar la memoria global de todo el proyecto. «Nuestra intención es presentarlo este otoño para que a principios del año la Junta de Andalucía pueda sacar el nuevo proyecto de investigación»

La investigación, financiada por la Junta de Andalucía, la ha realizado un equipo transdisciplinar en el que, además del personal ya citado, han tomado parte también tres miembros del IPHES-CERCA: Amèlia Bargalló, investigadora posdoctoral Juan de la Cierva del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades; Christian Sánchez-Bandera, beneficiario de una beca predoctoral del programa María de Maeztu, y Robert Sala Ramos, director de dicho centro de investigación y profesor titular de Prehistoria de la URV; Oriol Oms profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona; José A. Solano de la Universidad de Sevilla; José Yravedra de la Universidad Complutense; Isidro Toro-Moyano, del Museo Arqueológico Provincial de Granada y Alexia Serrano-Ramos y Juan Manuel Jiménez Arenas de la Universidad de Granada

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