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JOSÉ M. VISEDO
GALERA
Miércoles, 10 de agosto 2022, 11:46
Hace un año, alguien tuvo la sorprendente idea de organizar un festival de jazz en Galera y, además, el acierto indudable de denominarlo Jazz en el Desierto. No es que Galera sea un desierto, al menos tal como estos existen en nuestro imaginario, pues tiene un río de aguas permanentes y el valle que recorre es fértil y verde. Pero sí es cierto que, fuera de esa estrecha vega, el paisaje de Galera son badlands, malas tierras de yesos, cuarcitas y arcillas, repletas de paleosismitas, cárcavas y barrancos erosionados por el viento y las escorrentías, apenas vegetada por espartales y tomillares. Son tierras con mucha vida, pero podemos decir que parecen un desierto. Así que sí, el nombre es evocador y definitorio. Un acierto, ya digo.
Los pasados 29 y 30 de julio se celebró la segunda edición, organizada y producida por el Ayuntamiento, que concentraba en solo dos días hasta cinco conciertos en lugares y horarios diferentes. Otro acierto. Extender el festival durante cinco o seis noches, como suele hacerse en otros lugares, supondría aquí una dispersión que dificultaría la asistencia de aficionados de fuera del entorno, pues no es fácil que alguien se plantee irse una semana de vacaciones a Galera. Y no porque haya poco que ver allí pues, festival aparte, se trata de uno de los lugares con un patrimonio arqueológico argárico, íbero, romano y medieval más abundante, rico y llamativo de la provincia. Pero la concentración en dos días, facilita acudir desde fuera.
Puestos a enumerar los aciertos, hay otros dos de gran importancia: por un lado la integración del jazz en la oferta cultural y patrimonial local, pues adquiriendo el bono del Festival (este año a unos módicos 20 euros) no sólo puedes asistir a los conciertos sino, también, visitar el interesante Museo Arqueológico, el poblado argárico de Castellón Alto y la necrópolis ibérica de Tútugi. Por otro lado, la programación, hasta ahora dedicada a músicos y grupos españoles,
ha sido impecable. Naturalmente, el resultado musical también lo ha sido. Y la respuesta del público. Más de mil asistentes, en un pueblo que llega justito a esa cifra de población.
El primer concierto fue al atardecer, en un lugar espectacular, un mirador colgado sobre el pueblo, ya en tierras áridas. Allí estaba, poco después de las ocho, la banda de la cantante jiennense Charito, con Miguel de Gema (saxos), Jaume Miquel (piano) y Alejandro Tamayo (contrabajo). Estándares de jazz tocados con gusto y buen espíritu. Conforme el sol iba ocultándose tras las colinas de los badlands, el público fue llenando el lugar. Lo disfrutó. Dos horas y media después, en un lugar diametralmente diferente, en los jardines de la piscina municipal, junto al río y al bosquecillo en galería que lo flanquea, al fresquito nocturno, el trío de Ignassi Terraza se marcó un concierto fantástico. Ignassi es, para mi gusto, el mejor pianista de jazz que tenemos hoy en día en este país. Clásico, en repertorio y concepción improvisadora, seguro y creativo, ocupa de alguna manera el hueco que dejó hace ya unos años Tete Montolíu. Con él estaban Horacio Fumero al contrabajo y Guillem Arnedo en la batería. Horacio es, y no creo que sea preciso explicarlo, el clásico entre los clásicos de nuestra escena jazzística. Vino a España desde su Argentina natal en el año 1974, en la banda del entonces famosísimo Gato Barbieri (tuve la oportunidad de verlos en Madrid), y aquí lo tenemos aún. Sonido excepcional y maestría constatada. Guillem es un batería fino y discreto, que es lo que un trío como este necesita, precisamente. Un concierto para recordar. De lo mejor que he podido disfrutar este verano. El aforo previsto, completo.
El segundo día de festival tuvo tres sesiones. La primera, festiva y relajada, en la piscina, hacia el mediodía, con Yahlé. Por la tarde-noche, dos de los mejores saxofonistas tenores nacionales. Al atardecer, ante el Centro de Recepción de la Necrópolis de Tútugi, Sergio Albacete con el pianista José María Pedraza. Presentaban su disco «Reunión», con composiciones del pianista y un lenguaje íntimo y emotivo. Albacete tiene, quizás, el sonido más redondo y bonito de todos los tenores de este país. Elegantes, sensibles y creativos, ofrecieron un hermoso concierto. Luego, al borde de la medianoche, en el escenario de la piscina, estuvo el quinteto de Pedro Cortejosa. Hay otros saxofonistas tenores en nuestro país con gran nivel, pero Pedro es mi favorito, por su fraseo y por la imaginación que siempre ha mostrado, además de por otras razones más personales: puede decirse que lo he visto crecer desde su primer concierto. Nos presentó su obra más reciente, «Homo», a modo de suite sobre la génesis y forja histórica de los grandes grupos humanos. Un «tour de force» fantástico que, además, contó con un grupo de respaldo de gran nivel. Comenzando por Julián Sánchez, para mi gusto el mejor trompetista del país, aunque en este concierto dedicó mucho más espacio al acordeón, nueva vertiente del músico, resultado de sus estancias brasileñas. La calidad como trompetista de Julián es innegable y reconocida: como anécdota, en una ocasión en que coincidí en el escenario con el trompetista valenciano Voro García, le dije que era uno de mis tres trompetistas españoles favoritos, a lo que respondió: «uno de los otros dos es Julián, seguro; pero ¿quién es el tercero?». La banda se completaba con músicos firmes y perfectamente acoplados con la obra de Cortejosa: Álvaro Vieito (guitarra), José Manuel Posada (bajo eléctrico) y David León (batería). El concierto sorprendió, y muy agradablemente, a los presentes, y eso que no es música de fácil escucha. Pero sí de gran calidad, y emotiva. La obra es tan reciente que aún no ha sido grabada. Esperamos con ansiedad que lo hagan pronto.
En resumen. Una segunda edición muy prometedora. El alcalde, que es además arqueólogo, y su equipo confían en poder ofrecernos en 2023 una tercera edición mejorada y aumentada. Acarician la idea de integrarla más aún en los badlands. Ojalá que así sea. No deberíais perdérosla en tal caso. El desierto, nuestro desierto, tiene mucho por descubrir.
José M. Visedo
Novelista y saxofonista
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