Vuelve la vaca pajuna a la Sierra de Baza: «Es parte de nuestra historia»
Después de más de veinte años, un centenar de ejemplares de raza pajuna regresa a los pastos de la Dehesa de Moras
Baza
La Sierra de Baza vuelve a tener vacas. Después de más de veinte años sin aprovechamiento bovino en libertad, un centenar de ejemplares de raza ... pajuna, acompañados de sus becerros, ha regresado a los pastos de la Dehesa de Moras, un enclave situado a unos 1.900 metros de altitud en pleno Parque Natural. Para Fernando Rodríguez Gutiérrez, director de la Oficina Comarcal Agraria de Baza y presidente de la Junta Rectora del Parque Natural Sierra de Baza, esta recuperación supone mucho más que la incorporación de ganado a una finca: significa recuperar una actividad tradicional ligada a la propia configuración de estos paisajes de montaña.
Rodríguez conoce de cerca la evolución de estos aprovechamientos y el papel que puede desempeñar la ganadería extensiva en la conservación del territorio. La presencia de las Pajunas en la Dehesa de Moras recupera una estampa que había desaparecido durante más de dos décadas y devuelve al Parque Natural una actividad que históricamente formó parte de su paisaje y de la economía de las explotaciones serranas.
«Aquí no se está introduciendo cualquier ganado», explica el planteamiento de la iniciativa. Se trata de la Pajuna, una raza autóctona andaluza catalogada como amenazada y tradicionalmente vinculada a las zonas de montaña de Andalucía. Su presencia en la Sierra de Baza no es nueva. De hecho, los mismos pastos de la Dehesa de Moras ya fueron aprovechados en el pasado por un centenar de vacas de esta raza, además de unas 1.500 ovejas.
La recuperación actual ha sido posible gracias a la iniciativa de Víctor Tapia, un joven ganadero de Lanteira que conocía desde niño tanto la raza como la finca. Y en el año 2023 trasladó hasta la Dehesa de Moras unas cien vacas y sus becerros procedentes de una explotación que posee en Huéscar y cuyos pastos estaban prácticamente agotados. La disponibilidad de alimento en la finca permitió poner nuevamente en producción ganadera unos terrenos que llevaban años sin ganado vacuno. Víctor Tapia mantiene su ganado en la Sierra de Baza desde mayo a diciembre, cuando aparecen las primeras nieves, es entonces cuando las traslada a la zona de La Losa en Huéscar. En la actualidad este ganadero mantiene 144 vacas en la Sierra de Baza.
Desde la perspectiva del Parque Natural, uno de los aspectos más relevantes es precisamente la adaptación de esta raza al medio. La pajuna es una vaca de montaña, rústica y capaz de vivir en libertad aprovechando los recursos naturales que proporciona la sierra. Su alimentación procede de los pastos y su manejo responde a un modelo de ganadería extensiva que puede integrarse en la gestión de los espacios naturales.
Fernando Rodríguez sitúa aquí uno de los principales valores de la iniciativa. La ganadería extensiva no debe contemplarse únicamente desde la perspectiva de la producción, sino también como una herramienta de gestión del territorio. El pastoreo permite aprovechar recursos vegetales que de otra manera quedarían sin consumir y contribuye a mantener determinados espacios abiertos.
En la Dehesa de Moras existen grandes extensiones de carices, conocidas popularmente como juncias, que son aprovechadas especialmente por las vacas. La ausencia prolongada de ganado había favorecido un proceso de degradación de estos pastizales, al no producirse la renovación natural asociada al consumo por los herbívoros. La llegada de las pajunas permite recuperar ese ciclo natural.
Beneficio ambiental
El beneficio ambiental se extiende también a la prevención de incendios forestales. El ganado abre el monte, limpia parte de la vegetación y reduce la cantidad de combustible disponible, al tiempo que contribuye al mantenimiento del ecosistema y de la biodiversidad. Es, por tanto, un modelo en el que producción ganadera y conservación pueden complementarse.
La superficie destinada al aprovechamiento supera las 1.000 hectáreas y el pastoreo tiene carácter estacional, con una duración aproximada de siete meses, desde la primavera hasta el otoño. La carga ganadera se mantiene deliberadamente baja, con alrededor de una vaca por cada diez hectáreas, con el objetivo de evitar el sobrepastoreo y favorecer el mantenimiento y la expansión de la flora endémica.
«El equilibrio es fundamental», resume sobre el planteamiento de gestión asociado a esta experiencia. La ganadería extensiva necesita recursos naturales suficientes, pero también una carga ganadera adecuada para que el aprovechamiento no genere efectos negativos sobre el medio. En este caso, la baja densidad de animales permite que el pastoreo se convierta en una herramienta de mantenimiento de los propios pastos.
La recuperación de la pajuna tiene además una dimensión genética y de conservación de una raza amenazada. La Asociación de Criadores de Ganado Vacuno de la Raza pajuna, GRAPA, trabaja para recuperar y fomentar la raza y garantizar su pureza. En la actualidad cuenta con unas 700 madres de la línea granadina de Sierra Nevada.
Dos grandes fenotipos
Existen dos grandes fenotipos dentro de la raza. El rondeño presenta animales de mayor tamaño y tonalidades castaño oscuro, mientras que el de Sierra Nevada, al que pertenecen los ejemplares que mejor encajan en este entorno, se caracteriza por animales algo más pequeños, de tonalidades rojizas y especialmente ágiles para desenvolverse en terrenos montañosos y con fuertes pendientes.
Para Rodríguez, recuperar esta raza significa también recuperar memoria. La pajuna estuvo durante generaciones vinculada a los cortijos serranos y cumplía una función esencial para las familias que vivían en estos territorios. Era animal de tiro y labranza y, al mismo tiempo, proporcionaba leche y carne. La vuelta de las vacas no significa, sin embargo, dejar el ganado a su suerte. El sistema exige vigilancia y manejo. Cuando determinados pastos se agotan, los animales son desplazados hacia otras zonas de la finca mediante la denominada trasterminancia, una modalidad de trashumancia de corta distancia. El ganadero realiza estos movimientos a caballo, acompañado por una o dos personas a pie.
La experiencia de la Dehesa de Moras recupera así una relación que durante décadas había quedado interrumpida. La pajuna vuelve a caminar por la Sierra de Baza y, con ella, regresa una forma de entender la montaña en la que ganadería, paisaje y conservación forman parte de un mismo sistema.
Para Fernando Rodríguez, el reto está precisamente en mantener ese equilibrio: que la actividad ganadera pueda desarrollarse de forma compatible con la protección de un espacio natural de alto valor.