Abel García Sola, Premio Cascamorras 2016

Abel García Sola, Premio Cascamorras 2016
  • Responsable de la Unidad de Hospitalización Oncológica de Adolescentes y Adultos Jóvenes del Hospital Universitario de Cambridge, Reino Unido

Con una sonrisa capaz de despejar las permanentes nubes del cielo británico, Abel García Sola, disfruta de sus días de vacaciones con la familia en la Baza de su infancia antes de regresar al hospital universitario de Cambridge, del que es responsable de la unidad de hospitalización hemato oncológica y es miembro del equipo de trasplante de médula ósea y consulta externa post-trasplante de progenitores hematopoyéticos.

El que es Premio Cascamorras 2016 recorre con sus hijos Rodrigo, Martín y su mujer Viviane, embarazada de su hija Jimena, las calles y plazas en las que aprendió a montar en bicicleta y le servían de entrenamiento en sus tardes de atletismo con el Club de Atletismo Baza. “Cuando estoy aquí me asaltan recuerdos de momentos que guardo con mucho cariño y que me gustaría que mis hijos también tuvieran de Baza. El otro día, mientras pasaba con mi padre por el Parque de la Constitución, me vino a la mente que en ese lugar él me enseñó a montar en bicicleta y ahora” -dice paseando la vista por el Parque de la Alameda y dejando notar nostalgia en sus palabras- “me veo de niño jugando con mis amigos en el mismo lugar donde están mis hijos, aunque la Alameda está muy cambiada”. La calle Cádiz, el Barrio de Santiago, la Huerta del Pino, la Fuente de la Teja fueron testigos de la evolución de este bastetano que desde hace cuatro años reside en el Reino Unido.

Activo e inquieto mental y físicamente, en él se reconoce a aquel joven atleta que formó parte de la selección nacional de atletismo en el año 1997 y de cuya época aún le queda la disciplina del deporte y el gusto por los espacios naturales. Con la misma facilidad con la que cruzaba las metas en primeras posiciones, fue definiendo su futuro y, sin vacilaciones optó por la medicina. “Desde muy pequeño quería ser médico, fue una decisión muy natural porque es fruto de una vocación muy clara. A pesar de que mucha gente pensaba que lo mío era el deporte y pujaron para que siguiese por el atletismo, pero tenía la firme determinación de que lo mío era otra cosa. Además, con los pies en el suelo, la medicina era algo más seguro de lo que poder vivir que el atletismo. No me arrepiento nada de la decisión”.

Y así, con esa seguridad de quién se sabe hace algo importante, fue creciendo, aprendiendo, investigando y construyéndose una carrera prestigiosa que le ha llevado hasta uno de los centros universitarios e investigadores más relevantes del mundo, la ciudad de Cambridge de cuya universidad han salido varios premios Nobel, políticos e influyentes pensadores.

Afirma que le gustaría regresar a España, asentarse en su ciudad y disfrutar de la cercanía de la familia que tanto echa en falta en Cambridge. Aunque reconoce que ese momento no ha llegado aún. Vive una de sus mejores etapas personales y profesionales, es reconocido por sus colegas y jefes y se encuentra perfectamente integrado en la comunidad inglesa que le ha acogido con la amabilidad y cortesía propia de los británicos.

¿Qué es lo que más echa de menos cuando está lejos?

-La familia, sin duda alguna. Sobre todo por los chicos para que puedan disfrutar de sus abuelos y de sus primos, como yo los disfruté con los míos. Quisiera que ellos tuvieran esos momentos de encuentro familiar que ahora, por la distancia, no pueden ser tan frecuentes como los tuvimos nosotros.

-Ha sido reconocido con el premio Cascamorras. ¿Cómo y donde recibe la noticia?

-Recibí la noticia vía WhatsApp y más tarde por teléfono. Las tecnologías de la comunicación nos han facilitado mucho el estar cerca de los nuestros, nos da cercanía y facilidades de comunicación. Es muy bonito que tu ciudad se acuerde de ti, fue un momento muy agradable.

¿Es usted un buen embajador de Baza en el extranjero?

-Sí. Intento siempre que puedo explicar de dónde vengo, cuáles son sus tradiciones y fiestas. Incluso mis hijos lo hacen. Rodrigo – su hijo mayor de cinco años- subió a pintar el Cascamorras con tres años y lo disfrutó una barbaridad. Al volver a Inglaterra y recogerlo de la guardería, nos encontramos a todos los niños de su clase cantando Cascamorras.

-A propósito de Cascamorras ¿entienden la fiesta cuando se la explica?

-La primera impresión les choca mucho, pero a mí me gusta explicar la historia de las cosas y su razón de ser lo que les ayuda a comprenderlo.

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