ANDREA ABRIL GADEA
La joven que regresó a sus raíces para llenar de baile el pueblo de su familia«Cumplir mi sueño de abrir una escuela de baile en el pueblo ha sido lo mejor que he hecho»
JOSÉ UTRERA
HUÉSCAR
Domingo, 1 de marzo 2026, 11:04
Andrea Abril Gadea nació en 2003 en Murcia, lejos del pequeño pueblo que hoy se ha convertido en el centro de su vida. Sin embargo, ... sus raíces siempre estuvieron ligadas a Huéscar. Su abuela materna era originaria del Canal de San Clemente, una pedanía a unos cuantos kilómetros de Huéscar. Su familia tuvo que emigrar a Barcelona tras la guerra en busca de oportunidades. A pesar de la distancia, el vínculo nunca se rompió. Las visitas en vacaciones y el apego emocional de su madre, -su gran referente- al lugar sembraron en Andrea un sentimiento de pertenencia que acabaría marcando su destino.
Hace apenas tres años, llegó de vacaciones. Lo que no imaginaba era que aquella estancia temporal se convertiría en un proyecto de vida. Se enamoró del entorno, de la tranquilidad y de las posibilidades que ofrecía un lugar donde, según percibió desde pequeña, faltaba algo esencial: el baile. Aquella intuición no era nueva. Mientras caminaba por las calles de la señorial Huéscar, ya le decía, su madre, Ana Gadea que algún día abriría allí una escuela de danza. Lo que entonces parecía un sueño infantil terminó convirtiéndose en una realidad y en la misma calle que ella había pronosticado, la calle Morote.
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Su relación con el baile comenzó prácticamente al mismo tiempo que aprendió a caminar. Su madre siempre ha dicho que nació bailando, de pequeña se inventaba coreografías hasta para los villancicos. Empezó estudian gimnasia rítmica en Murcia y continuó su formación en academias especializadas,
El salto definitivo llegó en 2023. Con solo 400 euros y sin más respaldo que su determinación, decidió emprender. Acudió al ayuntamiento en busca de un espacio donde comenzar y consiguió una sala en la Casa de la Juventud. Allí empezó con un pequeño grupo de alumnos. La primera actuación, se la ofreció Rosa Cánovas, la gerente de la Asociación de Empresarios de la Comarca de Huéscar, fue durante el shopping night, era el impulso que necesitaba. El público respondió con entusiasmo y, en cuestión de semanas, las llamadas y las inscripciones comenzaron a multiplicarse.
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El crecimiento fue rápido. De aquellos primeros quince alumnos, la academia pasó a reunir casi un centenar en clases de baile, además de incorporar otras disciplinas como gimnasia rítmica, zumba y bailes latinos. La demanda obligó a trasladarse a un local propio, donde el proyecto se consolidó. Hoy, la Habana Dance, no solo se ha convertido en un espacio de formación, sino también en un punto de encuentro donde los alumnos encuentran una segunda familia.
El proyecto no se detuvo ahí. En octubre pasado, Andrea abrió una segunda academia en Baza, donde ya cuenta con decenas de alumnas. Compagina su labor docente con actuaciones como bailarina en una orquesta durante los meses de verano, una forma de mantener vivo su vínculo con el escenario. Para ella, enseñar y bailar son dos caras de la misma pasión.
A sus casi 23 años, Andrea representa una generación que ha decidido apostar por el emprendimiento en entornos rurales. Su historia rompe con la idea de que el éxito solo es posible en las grandes ciudades. Desde su academia, no solo forma bailarines, sino que también transmite valores de esfuerzo, unión y confianza.
Más allá de los números, Andrea Abril, lo que más valora es el impacto humano de su proyecto. Sus alumnas, muchas de ellas adolescentes, han encontrado en la danza un espacio donde crecer y expresarse. Andrea habla de ellas con orgullo, como si fueran parte de su propia familia. Juntas han logrado llenar escenarios y organizar festivales que han reunido a cientos de personas, demostrando que la cultura puede florecer en cualquier lugar cuando hay pasión y compromiso. Una pasión que se evidencia en todo lo que hace, Andrea Abril es el máximo exponente de simpatía y amabilidad. Es lo que se denomina una persona «vitamina» que, con verlas, ya te contagia su alegría y te traspasa energía para todo el día. Es un primor de persona, tal y como reconocen sus alumnas, que suele llamarla «maestra». Una madre de unas de sus alumnas, asegura que están «encantadas y enamoradas» de Andrea.
Su historia es también un reflejo del valor de las raíces. Aunque nació en Murcia, que no está lejos de Huéscar, decidió regresar al lugar que siempre sintió como propio para construir algo nuevo. Su academia, bautizada con el nombre de Habana, en homenaje a la capital cubana y cuna de la salsa, simboliza ese espíritu de alegría, movimiento y conexión.
Andrea mira al futuro con ambición, pero también con los pies en la tierra. Su objetivo es seguir creciendo, traer nuevos profesionales que amplíen la formación de sus alumnos y abrir nuevas oportunidades en la comarca. Al mismo tiempo, planea iniciar estudios en Comercio Internacional, convencida de que el conocimiento es la base para seguir evolucionando como emprendedora.
Su historia demuestra que los sueños no entienden de geografías ni de recursos iniciales. A veces, basta con una idea clara, el coraje de dar el primer paso y la convicción de que incluso en los pueblos más pequeños pueden nacer grandes proyectos.
Formación
Pese a su juventud, Andrea, que cumple 23 años este mes de marzo, posee una excelente preparación. Que comenzó en la academia de Pedro Cuba, donde tuvo la oportunidad de aprender de figuras destacadas de la danza, incluidos campeones del mundo como Yaiza Melero y Paloma Gambin. Estudio el bachillerato de artes escénicas en el IES Eduardo Linares, y continuó su formación en la escuela de Loli Escribano. También ha hecho teatro. Ha realizado cursos en la Universidad de Nebrija de psicología infantil y adolescente y el curso de director de ocio y tiempo libre por la junta de Andalucía. Con apenas 16 años obtuvo el título de profesora, consolidando una vocación. Su especialidad es la salsa y la bachata, aunque defiende la importancia de una formación amplia, desde la danza clásica hasta el contemporáneo, como base para cualquier bailarín.
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