El Colegio 'Ciudad de Baza' ha cumplido 50 años / JOSÉ UTRERA

El Colegio Ciudad de Baza cierra su 50 aniversario con un acto en el teatro Dengra

Desde el año 1971 hasta hoy más de 5.000 alumnos han pasado por el colegio de la antigua huerta de la Tamasca

RICARDO CAÑANATE BAZA

El CEIP «Ciudad de Baza» celebró su cincuentenario con un bonito acto que repasó su medio siglo de vida de manera brillante. Un cincuentenario que tuvo el mejor escenario en el Teatro Dengra, donde la noche del pasado viernes se reunía la gran familia del CEIP Ciudad de Baza, para celebrar sus primeros 50 años de vida, desde aquel 1971 en que todo se puso en marcha.

El acto contó en su inicio con la actuación musical de los alumnos de sexto, que aparecieron en el escenario luciendo las capas y boinas de la rondalla de los inicios del centro, a lo largo de 15 años, en los que contó en su haber con las recordadas serenatas.

La directora del centro, Mª Rosario Pérez, fue la encargada de dar la bienvenida a los asistentes, tras lo que ofreció una breve narración de la gran historia del Ciudad de Baza, por el que han desfilado ya cerca de cinco mil alumnos. Una bonita narración apoyada en la navegación de un metafórico barco como guía en el devenir de este centro que cuenta entre sus logros el de haber tenido la primera mujer directora, Ángeles Corral, en un cargo de hombres que encabezó Antonio Valdivieso Ramón y al que siguieron otros, como Manolo Vico, quien también se dirigió al público, aunque mediante una grabación de vídeo y un bonito mensaje.

La directora del centro, Mª Rosario Pérez / José utrera

Pequeño recuerdo

La directora hizo presentes a otros compañeros que ya se fueron, como Abelardo Genaro, Antonio Quirante, Romualdo Azor o Andrés Torres, recordando después a otros compañeros que no estaban en la sala, pero sí en el corazón, donde hace tiempo tienen su lugar, y a los que envió su mensaje de cariño.

Habló del trabajo docente y la necesidad de una constante actualización, tarea en la que fueron muchos los que remaron a favor, pero en la que también aparecieron algunos «piratas», pues han sido muchos los años y muchas las vivencias recorridas desde aquellos tiempos de una entrada para niños futboleros y otra para niñas que cosían.

A nivel oficial han sido varias las reformas a las que ha habido que adaptarse y muchas las transformaciones: el paso de 43 alumnos por aula a una media de 26, el cambio de la tiza por la pizarra digital interactiva, las libretas por el ordenador, las calificaciones en sábanas por el cuaderno de Séneca, las enciclopedias por los libros digitales, el adiós a los cuadernillos de Rubio, el actual reparto de fruta, las notas en el móvil. También se ha avanzado en igualdad y en diversidad o se ha normalizado el contacto con distintos tipos de familias.

Hubo tiempo también para el reclamo de que el maestro se dedique a enseñar y a disfrutar aprendiendo de sus alumnos, ante las múltiples tareas y «papeleos» que acompañan su tarea docente y que hacen que se pierdan entre papeles y pierdan la esencia de su trabajo y el valor de una profesión que es la más bonita del mundo.

Tomaron después la palabra otras compañeras, como Sonia Álvarez, quien cuenta en su haber con una larga travesía en la hoy llamada Educación Infantil y que ofreció toda una lección de lo que supone recibir y acoger durante tres años a los otrora párvulos, sus «pequeños grandes maestros» que le han enseñado a vivir y a disfrutar de su profesión.

Antigua alumna

Vanessa Mesas, antigua alumna, tomó las riendas en la presentación del acto, anunciando al alcalde bastetano, Manolo Gavilán, de quien dijo que, de pequeño, en su deseo de ser alcalde, ya soñaba con hacer de Baza un pueblo mejor.

Vanessa Mesas, antigua alumna / José utrera

El alcalde bastetano, padre de alumnos del centro, asesor del CEP y miembro del Consejo Escolar, habló de la adaptación a grandes cambios, empezando por el paso de la dictadura a la democracia, cambios tecnológicos, avances científicos, aparición de fuentes de energía antes inimaginables y cambios en los estamentos religiosos o en los eventos deportivos. También se ha cambiado a la hora de inculcar los aprendizajes a los alumnos añadiendo elementos que posibiliten su formación integral como personas, al mismo tiempo que se han inculcado valores como la educación cívica o relativos a la libertad, la justicia, la paz o la igualdad, que conducen a hacer mejores personas, aprendiendo a interactuar con otras culturas en un mundo más global y enriquecedor.

Agradeció Gavilán, y felicitó, a los diferentes estamentos del centro, a los padres y madres, a los equipos directivos, al profesorado y al personal de administración y servicios, con una especial mención para Amelia, por superar ese inconcebible tránsito del siglo XX al XXI, por asegurar la atención a la diversidad, por aportar por la igualdad de oportunidades y por los grandes cambios y actividades adoptados que han hecho del Ciudad de Baza un centro vanguardista, atrevido, lanzado y haciendo su esencia de la innovación y del trabajo diario.

Felicitó también al alumnado, al que enumeró las cualidades que sus profesores les habían enseñado. Y al personal de servicios, como parte que son de un colegio construido con el esfuerzo de todos, su trabajo y teniendo al alumno como único objetivo, para terminar recordando la frase de «Quizá la escuela no cambia el mundo, pero sin ella no sería posible», apelando a todos a que tomen esas palabras por bandera.

A lo largo del acto, fueron varios los vídeos de compañeras y compañeros actuales y pasados, de alumnas y alumnos que hoy coinciden en recordar a «La Tamasca» como el centro que les marcó en muchos aspectos de su vida. Uno de estos antiguos alumnos, Juan Mª Campoy, realizaría después un perspicaz monólogo sobre sus tiempos y circunstancias en este colegio. También habló una de las alumnas actuales, Paula Pérez, de cuarto de Primaria, quien hizo un recorrido por la historia del colegio construido en la Huerta de la Tamasca, recordando tiempos de la EGB, el tratamiento de antes y de ahora a los maestros… y cosas que su madre le cuenta de un colegio que para ella es especial.

Piedad Victoria Sánchez, también maestra, habló del centro como una gran familia en la que todos han ido de la mano y aportando cada uno los talentos de que disponía, formando un gran equipo y una gran familia, a pesar de los contratiempos. A los alumnos, dijo, se les ha transmitido conocimientos, pero sobre todo valores y formando personas que crean en ellos y en hacer su propio camino, en un mundo en el que es posible hacerlo mejor, desde la libertad y creyendo en los sueños propios.

Una pequeña de cuatro años, Julia Rodríguez Mesas, hizo un increíble recorrido por sus vivencias escolares en tiempos del «bicho invisible», ante el que los niños han sido «los auténticos superhéroes», realizando junto a un grupo de niños y niñas una bonita alegoría sobre el uso de las mascarillas y la vuelta a la normalidad.

Las últimas palabras fueron de la concejala de Educación, Yolanda Fernández, quien felicitó a toda la familia escolar por esos 50 años que parece que han pasado como un suspiro, pero que forman una gran parte de muchas vidas y de la propia ciudad, tras lo que se abre ahora un excelente horizonte basado en el trabajo realizado en ese medio siglo de existencia. Habló de la experiencia inesperada del Covid y reconoció el gran esfuerzo realizado para superar esa etapa, haciendo partícipes en ello a las familias, para terminar asegurando que el Ayuntamiento de Baza siempre va a estar ahí para apoyar en cuanto se pueda y para formar parte de la solución a sus problemas.

Finalmente, la directora del centro dio por terminado «el viaje» y agradeció a todas las personas presentes y a las que han hecho posible llegar hasta aquí, asegurando que el Ciudad de Baza seguirá adelante y anunciando el cierre del acto con un pasodoble interpretado por los niños y niñas de sexto, dedicado «a los maestros y maestras que han enseñado, porque quieren aprender».

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