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Manifestación en Benamaurel IDEAL
Más de 1.000 personas se manifiestan en defensa del rio Guardal

Más de 1.000 personas se manifiestan en defensa del rio Guardal

Vecinos de Benamaurel y Castillejar reclaman un caudal ecológico y el mantenimiento de los riegos históricos

JOSÉ UTRERA

BENAMAUREL

Lunes, 18 de septiembre 2023, 08:47

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Los vecinos de Benamaurel, de Castillejar y otros pueblos vecinos se echaron ayer a la calle para exigir a las administraciones competentes la mejora y la protección del caudal ecológico del río Guardal. Y exigen el mantenimiento de los riegos tradicionales.

Alentados por una plataforma vecinal, en la que las mujeres, tienen mucho que ver, como ya ocurrió para reclamar el puente que se llevó la riada en 2019 o las reivindicaciones para abrir las 24 horas el servicio de urgencias de la localidad. Ahora toca defender el río.

Unas 1.500 personas con camisetas blancas se congregaron en el Parque de la Cañada y recorrer los 2 kilómetros escasos que hay hasta el estrecho puente sobre el río Guardal en la carretera A-4200. La protesta reivindicativa discurrió de manera pacífica y sin incidentes para denunciar las consecuencias medioambientales por la falta de agua, una situación que empiezan a ser crítica. La plataforma destaca que el agua apenas llega a la vega de Benamaurel, por lo que los regantes y ganaderos son los más perjudicados y no están para bromas. Recordar que Benamaurel fue donde se produjo el foco inicial del brote de viruela ovina de hace un año, con consecuencias desbastadoras.

Los participantes en la manifestación, denuncia que el río Guardal se encuentra prácticamente «muerto» situación que afecta a los regantes de la vega tradicional, por la dejadez de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, a la que exigen medidas urgentes ante la falta de riego y la inminente desaparición del río Guardal. «Exigimos el caudal ecológico y los derechos históricos de riego que nos han ido quitando a lo largo de los años, desviando el agua del Canal de San Clemente a nuevos cultivos intensivos».

Desde la plataforma consideran que cada vez es más evidente para la

ciudadanía que el beneficio de unos pocos no puede ser a costa de ocasionar grandes daños colectivos y públicos en forma de facturas ambientales y sociales: acuíferos sobreexplotados, suelos contaminados.

«La administración mete a toda la agricultura en el mismo saco y considera que el problema es que no llueve y que el sector agrario no tiene nada que cambiar. Los ciudadanos de Benamaurel estamos hartos de escuchar siempre las mismas mentiras del sistema. La modernización no es la principal medida de adaptación del regadío al cambio climático. Hay un amplio consenso científico a nivel internacional que demuestra que la modernización de regadíos no ahorra agua, sino que con frecuencia aumenta su consumo, en un efecto rebote».

Los regantes de Benamaurel y Castillejar consideran que los regadíos históricos conectados a un río y que reparten el agua por gravedad son los más sostenibles porque no emplean energía. Además, no desperdician nada de agua porque la que no se consume, el cultivo la vuelve al río y está disponible para su funcionamiento ecológico y para el siguiente regadío aguas abajo. «El desperdicio de agua hay que analizarlo a escala de sistema, no a escala de parcela. Dentro del regadío hay que diferenciar y hay que apoyar los regadíos históricos y tradicionales por ser un patrimonio cultural y ambiental, y porque están mejor distribuidos socialmente.

Los manifestantes consideran que «hay que actuar contra los regadíos intensivos y reducir su superficie, primero eliminando los cientos de miles de hectáreas ilegales y, a continuación, quedarnos con una superficie legal en función del agua disponible y el conjunto de necesidades que hay que cubrir y sus prioridades».

Para la plataforma no se trata de acabar con la agricultura, ni con el regadío, ni siquiera con los regadíos intensivos,« hay sitio para todos si se gestiona de forma eficiente».

Una de las principales víctimas de la expansión de estos regadíos son precisamente los pequeños regadíos y los pequeños agricultores, que ya están siendo expulsados del mercado. «Tenemos casos de gente que ha tenido que abandonar sus regadíos tradicionales y han vendido sus tierras y sus derechos de agua a estas empresas intensivas. Esto está a la orden del día. El mercado está decidiendo quién se queda con el agua.

Tampoco se puede poner en el mismo saco la ganadería extensiva, mucho más sostenible y que genera beneficios ambientales y sociales, y la industrial, a la que hay que poner límites y reducir su consumo. Su huella hídrica es mucho mayor que la de los productos vegetales y, además, estamos abandonando la dieta mediterránea por una más carnívora que multiplica el consumo de agua y produce impactos en la salud. «Ahora mismo en Castillejar y Benamaurel hay un efecto llamada de grandes instalaciones ganaderas, sobre todo porcinas, en Benamaurel hay proyectada una nueva explotación avícola para 90.000 aves en el Paraje de «Las Tobas» y nos preguntamos de donde van a sacar el agua».

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