Ciudad de Baza

Un 'Paco Buyo' entre piedrecillas

'Chema' para todas las pelotas, también sobre la hierba del Constantino Navarro de Baza./José Utrera García
'Chema' para todas las pelotas, también sobre la hierba del Constantino Navarro de Baza. / José Utrera García

Chema es clave para que el Ciudad de Baza sea el club menos batido de la provincia | A sus 39 años conserva «heridas de guerra» por jugársela en todo tipo de campos y no olvida que acarició el sueño de ser profesional en el Granada

Sergio Yepes
SERGIO YEPESGRANADA

El bastetano José María Checa Navarro, conocido futbolísticamente como 'Chema', lo ha vuelto a hacer. Con algún cardenal de recuerdo entre los muslos y los tobillos ha refrendado que «no le tengo miedo a las piedrecillas». A los molestos chinarros a los que le vino bien «estar acostumbrado» en esta temporada en que sus ansias «por mantenerme en forma» le abocaron a «reengancharme al fútbol». Y en parte es así cómo se explica que a los 39 años de edad le haya sobrevenido el éxito, la gloria en definitiva, mientras amortiguaba sus caídas en las generalmente inhóspitas superficies de juego de la Tercera Andaluza. A saber, se trata del portero habitualmente titular del Ciudad de Baza: el conjunto al que sobraron cinco jornadas para quedar campeón y ascender a Segunda. El que incluso resultó menos goleado de todos cuantos compiten en la esfera provincial a nivel sénior tras sólo haber encajado doce goles en veinte encuentros. Y espoleado por el hecho de que en la mayoría de los trece encuentros que él mismo disputó haya sido «felicitado por compañeros y rivales» tras recibir únicamente siete tantos recuerda con retintín que «fue la falta de confianza de Paco Chaparro» la que le impidió promocionar definitivamente a la primera plantilla del Granada CF cuando integraba su filial y «soñaba con ser profesional». No tiene claro qué le deparará el futuro - «todo dependerá de las ofertas que me lleguen»- pero a la espera de lo que esté por pasar se pone «a disposición» de Pedro Morilla para «lo que pueda necesitar», concluye con un plausible sentido del humor.

«Doble favor»

Para llegar al momento actual, el que habría hecho entrar en ebullición las redes sociales que «no tengo», 'Chema' no recorrió precisamente un camino de rosas, sino más bien de incómodas chinas. «A César (García) -el entrenador del Ciudad- ya le conocía de haber coincidido» con anterioridad, de estar «siempre hablando de fútbol».

Y así es cómo surgió el «doble favor» de que «me dejaran entrenar» a cambio de «jugar cuando me necesitaran». Pero sobre todo, es así cómo surgió, mejor dicho, renació, su tolerancia al dolor en lo que se trató de su particular reencuentro con la arena. La que tiene un matiz taurino por aquello del valor. «En (el grupo segundo) de esta categoría -contextualiza- el único campo de hierba natural es el nuestro, el Constantino Navarro. Y luego hay cinco de césped artificial en los que te puedes encontrar de todo y otros cuatro de albero», que son precisamente ante los que hizo acopio de hombría, con los que «yo no me asusto».

«Fuego en las gradas»

Con los que vino demostrando a lo largo de los años que efectivamente un buen portero tiene que estar hecho de otra pasta, aunque sólo sea para soportar porrazos. De hecho, recuerda que «fue a mí al que le tocó jugar en ellos». Y que eso no le importó porque aunque parezca mentira «los prefiero para lanzarme». Desde que era juvenil «me fui haciendo en ellos 'heridas de guerra' que se pueden llegar a abrir cuando caigo», pero siempre entendió que ese era el precio que tenía que pagar si lo que pretendía era tocar el cielo, aunque fuese aupado por sus compañeros. Como ha sido el caso. Porque lo cierto es que este que mide ciento noventa centímetros y que por eso se siente un guardameta de 'gran altura' para capturar «los balones aéreos» dice que no le corresponde de forma exclusiva el mérito de que en los partidos del Ciudad los delanteros rivales se hayan visto incapaces de hacerle un gol al mismísimo arco iris. «Es complicado que nos marquen. Pero a decir verdad eso se debe a que el equipo que tenemos es mejor. De una categoría superior. Mínimo, de División de Honor. Y aunque malos del todo no son, los rivales son como equipos de barrios, de pueblos pequeños que no siempre están al cien por cien porque en los viajes no pueden juntarse todos sus futbolistas para disputar partidos a más nivel».

Encuentros, en definitiva, en los que se ha llegado a aburrir -«hubo veces en las que habría resultado igual poner un cono para resguardar nuestra portería» - y en los que ha vivido de todo. Y de todo, es de todo, sin la menor excepción.

«En este tipo de categorías te sueles encontrar a equipos fulleros que dan palos, con aficionados maleducados que pueden llegar a tirar piedras al campo. Y la Tercera Andaluza no es una excepción. Recuerdo que visitamos a un equipo que se empleaba con mucha dureza porque sus jugadores decían que nos querían enseñar el otro fútbol. Y mientras, quienes estaban en las gradas hacían fuegos para calentarse», señala este que evoca también que precisamente por un motivo parecido suspendieron otro de los partidos que disputó. «Íbamos ganando por goleada. Y llovía mucho. Así que el árbitro reunió a los capitanes y decretó la conclusión en el minuto veinte de la segunda parte», se sonríe. Pero no se sorprende, que son muchos años ya llenándose las piernas de moratones. Aunque bien es cierto es que en sus inicios tuvo la oportunidad de dejarse caer en alguna alfombra. Por ejemplo, en la de Los Cármenes. Tras formarse en las categorías inferiores del CD Baza y promocionar a su equipo sénior le fichó el Granada CF para que integrara su filial en el verano de 1998. Pero realmente «alternaba entrenamientos con el primer equipo» e incluso «Gerardo Castillo y Urbano Ortega se planteaban hacerme ficha con el primer equipo». Que es algo que finalmente no tuvo lugar porque «en el club cambió todo y Francisco Chaparro -entonces técnico de los rojiblancos- no terminó de confiar en mí».

Quizás el sevillano se arrepienta ahora cuando coja el IDEAL. Porque aunque 'Chema' no pudo seguir los pasos de aquel coruñés que respondía al nombre de «Paco Buyo» y se trataba de «mi ídolo» ha dado la cara, o mejor dicho los muslos, ante objetivos pedregosos. No es que haya ganado trece títulos como el ex del Real Madrid pero el que ha logrado en Tercera Andaluza tiene su aquel. Y el hecho de que sólo le haya salido al Ciudad «por el refresco, el plátano y el bocadillo justico de jamón» que «nos suelen dar a los jugadores tras los partidos» motiva que encima se haya tratado de un fichaje redondo. Para ovaladas y punzantes ya estuvieron las chinas.

 

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