Hermanamiento entre las necrópolis de Tútugi y Cástulo para celebrar el Centenario de las excavaciones en Galera

Hermanamiento entre las necrópolis de Tútugi y Cástulo para celebrar el Centenario de las excavaciones en Galera

Entre los actos celebrados se realizó un enterramiento siguiendo el rito íbero

José Utrera García
JOSÉ UTRERA GARCÍAGALERA

Galera celebra este año el primer centenario de las primeras excavaciones en el yacimiento arqueológico de la necrópolis ibérica de Tútugi, realizadas en el 1918 por Juan Cabré y Federico de Motos. Dos años después en 1920 publicaron la Memoria de las excavaciones de una zona arqueológica sistemáticamente expoliada.

Entre las diversas actividades programadas a lo largo del 2018 se ha celebrado el hermanamiento de la necrópolis ibérica de Tútugi en Galera, y la Cástulo localizada en Linares que es de época iberroromana.

Para celebrar el hermanamiento se desplazaron a Galera unos cincuenta representantes de dicha antigua ciudad linarense, que fueron acogidos por el alcalde, Miguel Ángel Martínez Muñoz, el cual les mostró algunos de los rincones más característicos de Galera.

A media tarde, comenzó el acto de hermanamiento en la Plaza Mayor, en el cual intervinieron los iberos de Cástulo junto a los iberos de Tútugi -casi setenta-, todos ellos convenientemente ataviados al uso de la época.

Tras unas palabras de Martínez Muñoz de bienvenida y agradecimiento a los representantes de Cástulo, el alcalde resaltó los fuertes vínculos culturales que unen desde hace más de dos mil años unen a ambas localidades, apostando por la amistad entre sus actuales habitantes.

A continuación intervino una sacerdotisa castulense, que resaltó la importancia de este hermanamiento. Inmediatamente se procedió a la ceremonia, uniendo con un lazo a un guerrero de Cástulo y a una matrona de Tútugi. Ya unidos, un coro de mujeres íberas invocó a los dioses para que protejan y guíen esta unión de ambos pueblos. Esta primera parte concluyó con una unos gritos rituales de varios guerreros que participaban igualmente en la ceremonia.

La sacerdotisa anunció que iba a tener lugar el rito de enterramiento de un guerrero, que había fallecido, lo que condujo a la organización de un cortejo fúnebre, encabezado por un grupo de músicos que interpretaban una composición alusiva al luctuoso acto. Detrás desfilaba el difunto que, en angarillas, iba escoltado por un grupo de guerreros y varias plañideras que mostraban ostensiblemente su profundo dolor. La comitiva se componía, además de un grupo de jóvenes íberas que acompañaban a la sacerdotisa y a una gran dama, todas ellas portadoras de ofrendas para el fallecido. La procesión se cerraba con decenas de muchachas y nobles damas.

La comitiva integrada por un centenar de figurantes cruzó varias calles de Galera para dirigirse después a la necrópolis, al otro lado del río.

Pese a las inclemencias meteorológicas -nada más salir de la población comenzó a llover- la comitiva, imperturbable, llegó hasta el lugar del enterramiento. Allí, ante centenares de curiosos, se realizó todo el ritual funerario, culminado éste con la incineración del cadáver y la recogida de sus cenizas en una urna, éstas fueron depositas en la tumba número 20 de la necrópolis, lugar donde fue hallada la conocida como Diosa de Galera en 1917.

Para concluir el rito, los asistentes que se habían trasladado desde la plaza del pueblo hasta el cementerio ibérico, participaron en el banquete fúnebre, consumiendo diversas viandas y vino de rosas.

Con las dramáticas luces del crepúsculo, la comitiva regresó a la villa en perfecto orden, resonando insistentemente la triste, pero hermosa, música reservada a los difuntos.

 

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